Posted by: Ernesto P. de Leon | July 10, 2009

QUIERO ESTUDIAR

Por: Axel Bodenheimern779858675_898563_5718

Mientras todos los demás disfrutábamos la carrera, un niño trabajaba lustrando un zapato a la vez…

Fui a Cobán el 27 y 28 de Junio a presenciar la famosa «Media Maratón de Cobán». Casi no se ve pobreza en Cobán, pero la historia de este niño me tocó el corazón. No me acuerdo de su nombre, pero vive en un lugar que le dicen «La Esperanza» (Creo que se llamaba Christian). No sé dónde queda, pero recorriendo las calles encontré un lugar que se llamaba «La Esperanza», no se miraba como un hogar. Cobra tres quetzales por lustrado, y la verdad, es muy platicador. Contó sobre como el día anterior había llegado tarde a «La Esperanza» (tarde eran las 6:15) y le robaron todo «su pisto» que había ganado lustrando zapatos.

¿Qué aprendí? Muchas cosas. Hace dos días me quejé conmigo mismo que no tenía ropa nueva para salir. La verdad, es que somos muchas veces tan poco agradecidos con lo que tenemos, y no nos damos cuenta que no tenemos que usar la misma ropa todos los días. Puede que no esté a la moda, que no sea de marca, pero al menos tenemos con qué cubrirnos. Y aparte, tenemos variedad.

¿Cuántas veces hemos dicho: ala que «weba» ir al colegio/universidad? Mientras nos quejamos, muchos otros desean estar en la escuela, y otros sueñan entrar a la universidad. Pero esos deseos y esos sueños se encuentran demasiado lejos: hay muchos que no tienen la oportunidad, tienen que trabajar para ayudar a su familia. [18% de los jóvenes guatemaltecos estudian, menos de la mitad se gradúan y solo el 2% asisten a la universidad. Menos del 1% se gradúa de la universidad].

Último: que no importaba que le hayan robado el dinero el día anterior, que tuviera que trabajar y que se estuviera perdiendo de una alegre carrera, él mostraba una cálida sonrisa, y en sus palabras no se escuchaba pesar ni tristeza. Estaba alegre, y cuando terminaba decía «adiós» como un hasta pronto, caminaba, decía «bien lustrado» y volvía a contar su historia, sin dejar de sonreír. Si pudiéramos detenernos un momento y ver todas las cosas que a nuestro alrededor Dios ha puesto, nos ha regalado, nos ha proporcionado, quizás seríamos más felices y mucho mas agredecidos. Sonreiríamos más. Cesarían las quejas. Tenemos casa, ropa, comida, estudio, y ¡lujos! ¿Qué más podemos pedir? Disfruta que tenes más de lo que necesitas.

Disfruta cada pequeño detalle que hay en tu vida, porque cada detalle, Dios lo creó para ti.

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