CONGRESO ENSANCHA 2009
Pastor: Cash Luna

El Espíritu Santo merece un lugar privilegiado en tu vida. Hónrale, escúchale y recibe sus dones.
Es necesario aprender a administrar el poder que Dios nos da. Es difícil pero persiste porque Él te ayudará a lograrlo. Recuerdo que la primera vez que prediqué de Job dije que se había rascado con una lámina. Mi pastor me corrigió porque en ese tiempo no existían las láminas. La primera vez que ministré la Santa Cena la serví al revés. Pero la santa terquedad es más fuerte de la frustración de cometer errores.
Una vez me pidieron orar por un niño con hidrocefalia. Lloré tanto ante el dolor de la familia que perdí la fe para sanarlo. Entonces Dios me dijo: “No necesitan que llores con ellos, sino que creas”. Tuve que aprender a administrar mi dolor y emociones para poder bendecirlos.
Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar.
Lucas 5:17
Jesús enseñaba y el poder estaba con Él aunque no lo utilizara en ese momento para hacer milagros. Que el poder de Dios esté sobre ti no implica que lo utilices a cada momento. No todo es sanidad, de hecho la sanidad no nos salva, somos engendrados por la simiente incorruptible de Su palabra.
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
Lucas 5: 24
En ese momento Jesús enseñó, se mantuvo ungido, declaró la revelación más grande de salvar al pecador y sanó al enfermo. Esa sí que es una administración eficiente del poder divino.
Condiciones para ser buen ministro
Para poder ministrar es necesario:
Primero: Escrituras. La Palabra es fundamental para nuestro ministerio. La doctrina y enseñanza es lo que define quién somos y en quién creemos.
Segundo: Poder de Dios que obra en nosotros y nuestra iglesia.
Tercero: Fe. Es imprescindible tener una palabra de fe que no es enseñanza ni doctrina.
Por ejemplo, un niño de seis años que recibe el milagro de sanidad no ayuna y no conoce de teología pero su corazón limpio y creyente lo hace merecedor de la unción. Debemos buscar la madurez en Cristo y la inocencia de un niño para creer toda la Palabra. Es necesario el equilibrio, no podemos ser sólo poder o sólo Palabra. Un ave no puede volar solamente con un ala. De la misma forma, nosotros necesitamos el poder de un lado y la Palabra de otro para que nuestro ministerio se levante.
Cuando le preguntaron al Señor sobre quién sería el esposo legítimo de una viuda que se había casado varias veces, Él respondió: “Ustedes erráis ignorando las Escrituras y el poder de Dios”. En el original dice: “Ustedes van contra una herejía”. Debemos cuidarnos del pecado de herejía al pensar que necesitamos solamente Palabra o poder. El Señor dice: “Escudriña las escrituras porque ellas dan testimonio de mí”. Pero luego dice que los milagros fueron hechos para los que creen. Si queremos que toda lengua confiese el nombre de Jesús, debemos movernos en Palabra y poder.
Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Juan 11:20-21
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.
Juan 11: 23-24
Ante la muerte de su hermano Lázaro, Marta demuestra que sabe del poder de Dios. Relacionaba vida, salud y sanidad con la presencia de Jesucristo. Además, sabía de oración y también tenía revelación. A veces nos pasa igual, tenemos doctrina pero no sabemos dónde ponerla.
Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
Juan 11: 39-40
Jesús estaba listo para resucitar a Lázaro pero Marta no demostraba su fe a pesar de tener conocimiento y revelación. Nosotros debemos tener todo el conocimiento que ella tenía pero también necesitamos fe para recibir la unción y también para compartirla. Pablo decía “no he venido a ustedes con palabras de humana sabiduría, sino con demostración de espíritu y poder”. La palabra “demostración” se traduce en “show”. Cada vez que estoy en una cruzada digo “showtime” porque todos verán las maravillas y prodigios que el Señor hará. No es el “show” del pastor sino de Dios.
Los dones del Espíritu Santo
El Espíritu Santo provee los dones pero Él es el mayor de los regalos. No debemos desear más a los regalos que a quien los reparte. El Espíritu Santo dice: “Sé que anhelas los dones, la unción, pero ¿me anhelas a mí?”. Para recibir un regalo primero debes ser amigo de quien te lo dará. Si quieres provocar que te regalarte Sus dones debes conocerlo y buscarlo más. Esa es la revelación. Yo amo muchas cualidades de Sonia pero la quiero a ella por lo que es no por lo que me da. Acércate al Espíritu Santo porque solamente así podrás provocarlo. Para hacer un templo no necesitas dinero, necesitas del Señor. Todo lo que somos, tenemos y hacemos no se lo debemos a las personas que nos dan dinero sino a nuestra fe en Dios.
Busca su presencia como un niño anhela la compañía de su padre. Pasamos tiempo con todo mundo y no pasamos tiempo en su presencia. Recuerda que el siervo que después de sus labores va a la casa de su señor a servirle la cena, tendrá oportunidad de comer en la mesa, de la comida y en compañía del amo. No te equivoques, no hay que buscar unción sino al que unge. No hay que buscar prosperidad sino al que prospera. Ni siquiera hay que buscar Palabra sino al que la habla. Eso se llama el primer amor. Recuerda que cuando te convertiste al Señor lo único que querías era encontrar una vigilia dónde alabarle. Cuando iniciabas en tu ministerio orabas para que las puertas se abrieran, ahora estás cansado de las invitaciones que tienes. Parece que por momentos somos como el barro en manos del alfarero al que debe quebrar y volver a hacer. Antes te despertabas a las 3 a.m. y creías que el Señor te hablaba, ahora crees que es la cena. No abandones tu corazón de niño.
Multiplicidad de dones
Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
1ra. Corintios 12:4-6
A veces vemos la diversidad y no la apreciamos. Cada uno tiene diferentes dones y todos son bienvenidos porque son un regalo al cuerpo de Cristo. Aunque no comprendamos, todos los dones se agradecen porque son dados por el Espíritu Santo.
Dios se manifiesta en muchas iglesias, no solamente en una. Por eso es importante la unión.
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
1ra. Corintios 12: 7-8
Lo que tengo de Dios es para provecho de los demás. Si eres ministro, deja que se aprovechen de ti. Una naranja está hecha para que alguien le saque el jugo y lo beba. Los ministros estamos puestos para aprovechamiento del cuerpo de Cristo.
A veces, queremos forzar a la gente a que tenga el mismo don nuestro cuando no es nuestro oficio el dárselo. En la diversidad está la riqueza. Además, este pasaje es claro en decirnos que el Espíritu Santo reparte sus dones como quiere. Tu transparencia, honestidad y vida íntegra puedes provocarlo para que quiera darte sus dones. Hay una familia de la iglesia que ha sido muy generosa con la obra y un día le pregunté porqué. Me dijeron que lo hacían porque conocen la visión y confían en nosotros. Cada uno escoge a quién darle lo que tiene reservado.
Las cuatro resistencias
Hay cuatro resistencias que obstaculizan la unción: La primera es al Espíritu Santo. No puedes resistirte al dueño de los dones. Por el contrario, es imprescindible que te resistas al diablo y sus tentaciones. Otra resistencia es la de Dios a los soberbios y la peor de todas es la del perdón. Si te resistes a perdonar las ofensas te niegas a la misericordia del Señor pero si perdonas, recibes perdón.
Dale al Espíritu Santo su lugar
El Espíritu Santo no es algo, es alguien. Al inicio del tiempo el Espíritu de Dios se movía, luego el Creador dijo y todo fue hecho. La gloria de Dios bajó y Moisés recibió las Tablas de la Ley. El Espíritu reposó sobre María y el verbo se hizo carne. Cuando Juan el Bautista iba a reconocer quién era el Cristo recordó que Dios le dijo: “sobre quien vieres descender el Espíritu Santo y permanecer sobre Él”. Cuando Jesús se levantó a predicar el primer mensaje, dijo: “El Espíritu de Dios está sobre mí por cuanto me ha ungido”. Luego desciende sobre Él cuando se bautiza. Resucitó por el poder del Espíritu. Antes de regresar al lado del Padre dio instrucciones por el Espíritu. En Pentecostés, el primer mensaje que Pedro predicó fue sobre el Espíritu Santo. Por todo esto es difícil identificarlo como “la tercera persona” como si estuviera después de la primera y la segunda. En nuestra cultura ser el tercero no tiene una connotación positiva, estamos acostumbrados a pensar siempre en el primero y segundo. Por años al Espíritu lo hemos dejado sólo para hablar en lenguas, pero Él guía, oye, habla, se goza, se entristece y se enoja. Es tan sublime que cuando en las Escrituras habla de sí mismo, dice que descendió en forma de paloma, pero a ti te nombra como águila.
Búscale, adórale y proclámele como el consejero por excelencia. Permanece donde puedas alcanzarlo para que te galardone con su poderosa unción.




